¡Rosario milagroso gotea agua bendita!

Reclamar Pytyvõ

Antonia, la dueña, junto a su familia rezan todos los días a la Rosa Mística.

Un hermoso altar le hizo doña Antonia a su virgen

Puntualmente la cita familiar es a las 15:00. Doña Antonia Báez enciende las velas alrededor de su virgen y junto a sus nueve hijos y otros familiares, empieza a rezar.

En el barrio San José de la ciudad de Villa del Rosario, San Pedro, la casa de Antonia se distingue entre todas las demás al poseer una verdadera fuente de milagros: el rosario que lleva en sus manos la imagen de su Rosa Mística.

El momento de su oración es el más importante del día, pues asegura que gracias a su devoción su hijo y su sobrino se salvaron la vida.

“Dos milagros le hizo a mi familia. Mi hijo Wilfrido era dializado, necesitaba un riñón. Me encomendé y al poco tiempo le trasplantaron. Lo recibió de un hombre que se accidentó. El otro es mi sobrino que recibió un bala en la cabeza, no estuvo ni siete días en terapia”, contó Antonia.

Señaló que la mamá del chico -hermana de Antonia-, llevaba al hospital el agua bendita y le colocaba en su mano, cuello y cabeza para que sane pronto.

Relató que el rosario le había regalado uno de sus hijos, y que hace ya varios años que empezó a gotear agua bendita.

Van de todos lados

Antonia contó que desde Asunción y varios puntos del país van a visitar el altar que ella le construyó a su virgen e incluso sacan un poco de su agua bendita para llevar a sus hogares.

El rosario gotea agua bendita solo a los que depositan en él su fe

“Es una virgen muy milagrosa. Eso sí, cuando uno llega y la visita para encomendarse, ella sí se muestra y les hace saber que ella escucha sus plegarias, gotea y gotea su milagrosa agua. Pero cuando la gente viene solo por curiosidad, ella misma se rehúsa a mostrarse con las gotas de agua”, manifestó la devota.

Contó que en estos tiempos de la pandemia, ella y sus hijos más que nunca le rezan, para lograr el milagro y que proteja a nuestro país del mal que tiene en vilo a todo el mundo. “Gracias a eso, todavía no llegó a nuestra comunidad el virus”, dijo emocionada la mujer de 62 años.