Encaró al virus con mucho ¡huevo!

Reclamar Pytyvõ

Johana Romero ohechauka orgullosa el producto de sus gallinas.

La licenciada en Hotelería y Turismo se sacó el trajecito y se puso unos vaqueros y el pelo recogido para pelearle al desempleo a causa de la pandemia de coronavirus.

No hay mal que por bien no venga dice un conocido refrán. Cuando arrancó la cuarentena a causa de la pandemia del coronavirus en nuestro país, cientos de comercios, industrias y otros lugares de trabajo tuvieron que cerrar dejando a sus empleados sin trabajo y sin poder llevar el sustento diario a los hogares paraguayos.

Una de esas personas que se quedó cesante fue una joven itapuense de la ciudad de San Cosme y Damián, de nombre Johana Romero (26), quien trabajaba como recepcionista en un hotel de Encarnación y guía turística para los visitantes.

“Yo trabajaba en la recepción de un hotel y a la tarde era guía de los turistas, pero vino la pandemia y nos quedamos todos cesantes. Entonces tuve que volver a casa, en San Cosme y Damián, para pasar la cuarentena con mi familia”, contó la mitãkuña guapa a Crónica.

Los huevos ofaltapa para cubrir la demanda.

En una ronda de tereré surgió ra’e alguna vez la idea de hacer un gallinero tuicha porã. “Mi papá una vez había dicho que teníamos que hacer un gallinero para vender huevo por lo menos, y presté una plata de la cooperativa y armamos un gallinero con 300 pollitos”, dijo Johana.

Luego las plumíferas empezaron a fructificar la pequeña empresa familiar montada por la joven con su familia.

“Justo en el día que se cerró todo, las gallinas empezaron a poner sus huevos, no podíamos creerlo. Días después del cierre de las fronteras, papá le ofreció el producto a una despensera y nos compró. Luego las personas empezaron a hacer tipo radio so’o nomás la propaganda de nuestros productos. Hoy en día tenemos muchísimos clientes, es más, hasta de Encarnación ya tenemos pedidos”, contó feliz la joven emprendedora.

UNA PREFERIDA

Entre tantas plumíferas, Johana tiene una gallina favorita. “Le llamo ‘Rubita’ y ella es como mi mascota, ella es mi gallina preferida”, he’i la empresaria de los ryguasu rupi’a.

REPARTO FAMILIAR

Johana acompaña a su papá en el reparto. “Para las 11 de la mañana ya repartimos todo, en el autito de la familia nomás nos manejamos por el momento, luego vemos una camioneta”, he’i.

Quieren llegar a producir 750 tupi’a por día

Esta mitãkuña paraguaya no es una improvisada, aparte de ser la recepcionista, imagen de su trabajo, guía turística, es avei docente universitaria.

“El año pasado terminé didáctica universitaria en la UNAE, dirección de posgrado e investigación también, pero no estoy ejerciendo todavía. Es que mi horario ya es muy reducido, pero el año que viene voy a presentar mi solicitud para enseñar”.

Por ahora su meta es agrandar la producción de sus emplumadas:

“Compramos 500 pollitos más, por lo que papá tuvo que dividir la jaula de las gallinas, allí están los chiquitos ahora, dentro de unos 4 meses más ya van a empezar a poner huevos también. Ahora producen entre 230 a 240 huevos, pero cuando las otras gallinas se sumen, vamos a juntar unas 750 unidades por día”, explicó.

La joven no sabía nada de la producción avícola, pero el dueño de una agroveterinaria les asesora en el tema.

Los huevos son recogidos varias veces al día.

“El dueño de la agroveterinaria es el que nos va guiando en cuanto a los cuidados y la alimentación de las gallinas y los pollitos”, dijo Johana.

Su papá y su hermano avei se quedaron sin el laburo

Ni bien empezó la cuarentena, el papá de la joven y su hermano también perdieron sus trabajos.

“Mi papá es constructor y se quedó sin poder trabajar, lo mismo que mi hermano. Pero gracias al gallinero, toditos en la familia tenemos trabajo, es más, el préstamo que hice para la inversión se está pagando con la venta de los huevos y nos sirve para poder pagar otras cuentas también”, tiró la joven empresaria.

Gracias a la cuarentena sanitaria, la joven puede compartir más tiempo con su familia avei.

“Yo vivía en Encarnación y cada vez que podía nomás venía a casa, que queda a 90 kilómetros de la capital de Itapúa, pero ahora estamos juntos, trabajando en familia, ya que todos trabajamos en el emprendimiento. Papá a las 4 ya se levanta a darles de comer a las gallinas, yo junto los huevos y mis hermanas se encargan de limpiarlos”, relató a Crónica la joven.
Ya tiene varias anécdotas con el tema de las gallinas

Johana en su faceta de licenciada en Hotelería.

Este emprendimiento le sirvió avei a Johana a conocer más sobre estas emplumadas, que a la hora de defender su “territorio” son bastantes bravas ra’e.

“Mamá tiene sus gallinas, de esas caseras, y yo le quise meter con las otras. Para qué… casi la mataron a picotazos las otras, tuve que entrar corriendo otra vez dentro del gallinero para salvarle porque entre todas más o menos le picotearon anga a la pobre”, contó entre risas la joven emprendedora.

Pero no solo gallinas tienen en la casa. “Mamá tiene chanchitos, patos, otras gallinas, ya es más o menos como una minigranja, afortunadamente los vecinos son muy buenos porque nosotros vivimos en medio mismo de la ciudad”, comentó.