“Debemos considerarnos positivo, hasta demostrar lo contrario”

CAUTELA. El titular del Ineram dice que cualquiera puede ser «portador sano» del nuevo coronavirus. AVANCE. El médico afirma que para seguir con la exitosa cuarentena hay que actuar como portador. PERMANENTE. Refuerza que este «modo de vida Covid» debe durar hasta que llegue una vacuna. ATENCIÓN. Si la demanda de hospitalización sigue baja –avisa– podrán recuperar a pacientes graves.

A tiempo. Para el Dr. Felipe González, director del Ineram, dependerá de la ciudadanía el éxito de continuar avanzando con las fases de la cuarentena inteligente y evitar así que la guerra contra el Covid pase a los hospitales.

El Dr. Felipe González, director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram), suscribe que hasta ahora la exitosa cuarentena le dio un respiro al débil sistema de Salud. Pudieron atender de forma personalizada al primer paciente que sobrevivió de terapia, tras ingresar con más de 70% de riesgo de morir. Recibieron un reconocimiento del presidente chileno por la hazaña.
Apunta que ve con bastante preocupación la poca adhesión a las medidas de cuidado y prevención en al área metropolitana: gente sin mascarillas, aglomeraciones, etc.
Opina que la continuidad del éxito en las fases sucesivas de esta cuarentena dependerá del nivel de conciencia de la ciudadanía.
–Empieza la fase 3 de la cuarentena inteligente. ¿Cree que están dadas las condiciones para eso?

–Se han hecho muy bien las fases iniciales y la prensa ayudó con un rol importante en la difusión de las diferentes fases. El Ministerio de Salud estuvo con acierto también y fruto de ello también es el resultado que estamos teniendo. Lastimosamente hay que reconocer que a pesar de lo que pasa en países vecinos, que se encuentran en una situación si se quiere desbordada, aún así vemos un relajamiento en diferentes áreas del Departamento Central. Pasando por San Lorenzo veo a mucha gente que no tiene todavía adoptado el modo de vida Covid, en el sentido de que están próximas unas de otras, no hay distanciamiento y no tienen barreras como el barbijo; algunos usan a mitad de cobertura de la cara o usan como tapa papada. Es preferible no usar.

–Y eso deja latente el contagio…

–Y no se está teniendo el debido cuidado, se van relajando y las consecuencias las vamos viendo en cómo una sola persona puede contagiar a un sinnúmero al entrar en contacto como ocurrió recientemente. Entonces, si eso extrapolamos a la capital donde hay una densidad poblacional mayor, los contagios van a ser mucho más importantes. Entonces, el modo de vida Covid debe permanecer en el tiempo, mientras no encontremos una cura a este mal.

Si queremos ir avanzando de fases, esta manera de vivir tiene que perdurar: distanciamiento, uso de tapabocas, lavado frecuente de manos en todos los lugares. Es la única forma de vencer a esta enfermedad; que no tengamos contagios masivos y afluencia desbordada en los hospitales.

–¿Hay que actuar como si fuésemos positivos?

–Todos tenemos que actuar en esta forma de vivir que vino a quedarse por mucho tiempo. Tenemos que entender que como país no somos atractivos, a los ojos de lo que podemos comprar, si mañana aparece una vacuna. Somos apenas 7 millones de habitantes y esa cantidad no es atractiva para ninguna empresa en cuanto a ventas. Si apareciese una vacuna, seguro van a tener primero los países con una densidad poblacional diferente. China, India, Estados Unidos o Brasil creo que van a ser los primeros en comprar la vacuna.

–¿Y cómo podríamos conseguir?

–La única forma de que nos llegue relativamente rápida va a ser a través de algún organismo internacional como es el Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que si compra un volumen importante para países como el nuestro, que estamos en el subdesarrollo, podríamos llegar a tener en no menos de un año. Por eso, este modo Covid de vivir va a tener que permanecer un tiempo prolongado hasta que encontremos una salida. Esto no va a pasar inmediatamente; vino para quedarse y por mucho tiempo. Y el peor escenario para nosotros es empezar a perder a seres queridos. Tenemos muchas debilidades, pero dentro de eso hay que destacar la fortaleza. Y esta fortaleza ha sido un programa exitoso de control de los contagios inicialmente. Y ojalá la ciudadanía pueda tener la suficiente capacidad de reconocer esto y no cansarse.

–Los sin nexo son los que más preocupan. ¿Cómo combatir esto?

–Si esas personas mantienen el modo de vida Covid, guardan un distanciamiento adecuado, protección propia y a los demás, no van a contagiar. Yo puedo ser positivo y no saberlo. Si no guardo el debido cuidado, adonde vaya voy a estar contaminando. De hecho, uno que sabe que es positivo no puede estar circulando; tiene que cumplir la cuarentena obligatoria. En el caso de que uno no sepa que es positivo, todos debemos considerarnos positivo hasta demostrar lo contrario. Esa es la realidad. La posibilidad de contagio es tan alta que lastimosamente nadie puede saber si es o no es portador. Entonces, uno debe considerarse portador hasta demostrar lo contrario. Si no presentamos signos, deberíamos considerarnos portadores sanos. Nadie debe estar exento (de estar infectado) hasta que se pueda hacer una prueba y dé realmente negativo. Ahí recién puede decir que está libre, antes no.

–¿Para cuánto tiempo tienen asegurados hoy los insumos?

–Hoy tenemos para un mes y medio, fácilmente, para el volumen de pacientes que va viniendo. Porque tenemos que garantizar el cuidado del personal.

–¿Con cuántos pacientes, creen, que no podrán dar abasto?

–Una saturación se da cuando tenés niveles altos de contagios, cuando hay en un día 1.000 casos positivos, de eso el 10% va a requerir de internación. Se está hablando ya de 100 pacientes y de esos cien, 5% precisarían –según las estadísticas– terapia intensiva. Y nosotros, en el hospital de contingencia, tenemos 100 camas y si tenés contagios de 1.000 por día, como está ocurriendo en otros países, en un día podemos saturar un hospital.

Por eso es que estamos insistiendo en que el mejor escenario es el que estamos teniendo. Podemos avanzar de fase, pero si la gente toma conciencia de que debe protegerse a sí misma y a los demás. Esto nos igualó a todos, no hay clases sociales a partir de esta enfermedad. Somos todos iguales: ricos, pobres, no hay diferencias entre unos y otros. La verdad es que cuando te agarra, te agarra, hablando mal y pronto.

Y nadie puede saber cuál es la respuesta de cada individuo: yo puedo responder de una manera muy diferente a la que puedas responder vos. Probablemente en tu caso, podés ser asintomático, no presentes nada; pero yo puedo presentar una forma severa porque mi inmunidad reacciona de manera diferente y puedo necesitar de una unidad de terapia intensiva. Y no estamos en condiciones lógicamente de decir “vamos a ir contagiando, total al que le cae la bolilla mala es su suerte’” Creo que esa no es la salida, que nadie en su sano juicio quisiese.

–¿Qué piensa de la apertura de gimnasios y restaurantes en esta fase?

–Creo que en la medida en que avancemos de fase, hay lugares que tienen mejores condiciones que otros, se puede avanzar en la apertura inteligente; pero no una apertura descontrolada en todos los sitios y donde no hay niveles adecuados como para crear la protección necesaria. No todos los sanatorios tienen la misma infraestructura, no todos los hospitales; hay diferencias y no podemos crear algo general cuando necesariamente debe haber excepciones.

Todos podemos ir abriendo de a poco, siempre y cuando no tengamos circulación comunitaria.

–El objetivo, entonces, es eliminar el contagio en la comunidad…

–Tienen que desaparecer los contagios sin nexo, los contactos y los positivos deben estar exclusivamente separados en cuarentena obligatoria en los lugares destinados para tal efecto por las autoridades. Porque el que ingresa al país debe considerarse que está contaminado y en esas condiciones no puede tener un relacionamiento social o familiar porque va a contagiar. Y esos son los contactos que estamos teniendo en la mayoría de los casos, gente que no acató la debida cuarentena. La mayoría de los contactos de los positivos son familiares. Hemos tenido realmente gente que siendo positiva se aisló de sus familiares y sus familiares no cayeron. Entonces, veamos las dos situaciones: un personal médico abocado en un hospital de contingencia sin contagio, quiere decir de que hay barreras posibles en los diferentes niveles o ya estaríamos todos contagiados. Y familiares de gente positiva que tampoco se contagió porque el paciente fue responsable.

–Pero están los que ingresan clandestinamente al país…

–Y ahí es donde te hablo del nivel de responsabilidad de las personas; si cuidamos al resto de nuestros parientes, amigos, ciudadanos, no van a ver contagios. De lo contrario, no vamos a poder contener esto y van a seguir habiendo contagios producto de la irresponsabilidad y, como digo muchas veces, del cretinismo de no tomar en serio esto.

–¿En qué momento de la pandemia estamos acá y cuán distante de lo que se proyectó al inicio?

–Eso no hay que tomar como un análisis determinante. Las recomendaciones se tomaron en su debido momento, sabiendo la debilidad del sistema de Salud que poseemos. Esas recomendaciones cortan las cadenas de transmisibilidad de todas las afecciones respiratorias, no solo del Covid. Todos tienen el mismo patrón de contagio y al cortar esa cadena permitió que los hospitales se relajen y que no haya una transmisión comunitaria como había normalmente, año a año, y que nos encontremos en una fase bastante favorable. Esto no hubiese ocurrido si es que no seguíamos estas instrucciones y hoy hubiésemos estado en el orden de los 60.000 o 70.000 contagios a nivel local. Eso te lleva necesariamente a un nivel de mortandad superior a las 7.000 personas y hubiese sido un escenario catastrófico.

Nos dimos cuenta que por un fallecimiento de una persona en situación de calle, sin familiares, la tremenda dificultad que nos creó llevarle a alguno de los cementerios de la capital; incluso tuvimos que poner de nuestro propio bolsillo para que eso pueda darse porque ya se estaba descomponiendo en nuestra morgue. Y era solamente uno.

–¿Era un caso de Covid?

–No, era un fallecido por tuberculosis, en situación de calle, que nos generó toda una disputa a la hora de disponer solo ese cadáver ¡Lo que hubiese sido si teníamos 500, no me imagino!

–¿Cuántas camas para terapia tienen en el Ineram?

–De terapia intensiva 41 camas de adulto y de momento 12 camas de niños. Para internados tienen 100 camas para Covid y otras 68 camas también para internados en el ala antigua del hospital. Tenemos una capacidad de respuesta importante para lo que históricamente tuvo como capacidad el hospital.

–¿Cuántos pacientes Covid pasaron por ahí?

–Muchos han pasado porque se hacen el hisopado nasofaríngeo y entre los positivos superamos las 60 personas. Muchos de ellos con cuadros intermedios que llegan a una terapia intermedia y luego vuelven a sus domicilios a guardar cuarentena. Muy corto tiempo tratamos de tenerles internados. Muchos llegan producto de la ansiedad a las que se someten cuando se enteran de que son positivos. Eso les provoca un cuadro de ansiedad importante y empiezan a tener dificultad respiratoria, pero producto de la ansiedad más que nada.

–¿Qué piensa del tratamiento con plasma?

–Fijate que estás hablando de un plasma que tiene proteínas de un individuo que no es el mismo. Entonces, el riesgo de una reacción anafiláctica está presente y debe ser administrado con mucho cuidado. Todo derivado potencialmente puede provocar una reacción adversa en el cuerpo del paciente. Cuando estás en una situación donde hay un compromiso vital importante, probablemente lo haría como una terapia de rescate; pero si no, si está con síntomas leves o intermedios, no es precisamente lo que se utilice en primera elección.

–Hace poco se celebró el primer sobreviviente de terapia intensiva, pero antes tuvieron decesos. Explíqueme a qué se debió esto.

–Al principio, poco se sabía y se conocía. Y había mucho temor y se trata de no involucrarse mucho con el paciente por temor al contagio. Posterior, a la luz de todo lo que fue saliendo a nivel de la literatura científica internacional, las formas de tratamiento que comenzaron a ser más prometedoras y un conocimiento más acabado de la sintomatología –la forma de presentación clínica de esta enfermedad– permitieron mejorar el tratamiento. Pero, por sobre todas las cosas el hecho de contar con una capacidad diferente en el hospital porque fueron llegando equipos biomédicos de detección, la posibilidad de monitorización a distancia del paciente. Todo eso permitió que los intensivistas comiencen a adoptar un protocolo más manejable de estos pacientes para estar más cerca y los resultados se están viendo.

–¿Cuál era el pronóstico que tenía al principio el camionero chileno que ingresó directo a terapia?

–Cuando él llegó lo hizo en un estado comatoso y por el nivel de severidad que presentaba tenía una mortandad prevista para la condición clínica en la que se encontraba, superior al 70%. Esto fue posible gracias a un seguimiento minucioso y hasta personalizado con este paciente.

Recibimos una mención de parte del presidente chileno (Sebastián Piñera), a través del embajador que nos hizo llegar la congratulación por haberle asistido a su connacional y haberle llevado a una recuperación. Eso llena de orgullo a la institución y a los que estuvieron involucrados directamente con el caso. Es un reconocimiento justo porque fuera de lo que ellos ganan en el hospital no tienen ningún otro resarcimiento con esto; más que nada, tienen el orgullo de poder devolverle la calidad de vida a una persona que ni siquiera le conocemos como todos los que llegan al hospital. Y no fue fácil, siempre está el temor del equipo de la posibilidad de contaminación. Creo que el día de mañana, cuando asistamos a conferencias a nivel internacional, probablemente nos van a comentar experiencias diferentes colegas. Seguro que van a decir que muchos de los que perdieron, de los que se fueron, fue por la imposibilidad de quedarse a darle un tratamiento específico por la sobredemanda a las que fueron sometidos. Ese es el peor escenario y ahí está la respuesta a lo que me habías preguntado: Si nos encontramos en una sobredemanda de atención con funcionarios cansados por una epidemia de dengue fuerte que tuvimos. Ningún personal pudo salir de vacaciones; después vino esta pandemia y seguimos con el nivel lógico de estar en una expectación armada, como quien dice, no con los niveles de atención que tal vez hubiésemos tenido si no paralizábamos todo.

Podemos avanzar de fase, pero si la gente toma conciencia de que debe protegerse a sí misma y a los demás. Esto nos igualó a todos, no hay clases sociales a partir de esta enfermedad (…) Y nadie puede saber cuál es la respuesta de cada individuo: yo puedo responder de una manera muy diferente a la que puedas responder vos.

La posibilidad de contagio es tan alta que lastimosamente nadie puede saber si es portador o no. Entonces, uno debe considerarse portador hasta demostrar lo contrario. Si no presentamos signos, deberíamos considerarnos portadores sanos. Nadie debe estar exento hasta que se pueda hacer una prueba y dé negativo. Ahí recién puede decir que está libre, antes no.

Perfil
Felipe González Ávila

Es doctor en Medicina por la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Se especializó en anestesia en esa misma casa de estudios y en la Universidad Católica de Asunción (UCA). Realizó perfeccionamiento en la Unidad Coronaria de la Católica de Chile, Hospital Pediátrico Luis Calvo Makena. Recibió el título de Eco-cardiografía Peri-operatoria en la Universidad de Chile. Fue becado a España, donde hizo pasantías en el servicio cardiovascular en el Hospital Universitario de Valencia. Fue jefe de Servicio de Anestesia del Hospital Universitario de Clínicas. Ex jefe del Servicio de Anestesia Instituto de Previsión Social (IPS), director del Programa de ECMO y VAD (dispositivos de asistencia ventricular) del Ministerio de Salud Pública (MSP). Fue asesor médico del Gabinete MSP (2014 – 2017).
Actualmente es médico anestesiólogo cardiovascular en el Hospital General Pediátrico Niños de Acosta Ñu y miembro del Programa de Trasplantes Cardiacos de Hospital Niños de Acosta Ñu. Es director general del Ineram, Hospital Juan Max Boettner, desde marzo de 2015 hasta la fecha. Además, integra la Comisión de Operaciones de Emergencia (COE) para Covid-19, por resolución ministerial del 28 de febrero de 2020.